Las hijas de la fortuna

Nicole Valenzuela y Lorena Stefan cantan el Gordo por segundo año.
Nicole Valenzuela y Lorena Stefan cantan el Gordo por segundo año. / J. R. Ladra
  • Hacía 22 años que una misma pareja de niños no cantaba el Gordo dos años consecutivos. Lorena habla cuatro idiomas y Nicole quiere viajar a Ecuador a conocer a su abuela

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Lorena Stefan tiene trece años. Esta mañana se ha vestido con su falda gris del uniforme de niña de la Lotería y unas medias azules. Es alta como un junco y en ella se adivina ya que será una mujer guapísima. Se ha hecho una coleta rubia con un lazo a juego con las medias. A su lado, Nicole Valenzuela, de once años, mira muy de frente desde dos ojos negrísimos. Se ha recogido el pelo con un lazo también azul. Son tan distintas que parecen venidas de mundos diferentes, y en parte es así, pero están unidas por un vínculo indestructible. Lorena y Nicole han cantado a las doce del mediodía el premio Gordo de la Lotería de Navidad. También lo hicieron el año pasado. Les presento a las niñas de la suerte de entre las niñas de la suerte.

La maquinaria de la fortuna ha montado su extraño espectáculo antes de que salga el sol. Es de noche junto al Palacio Real y la niebla de la mañana dibuja un aura blanca alrededor de las farolas. Cuatro grados. Con esas temperaturas, el que mejor va vestido es Cañizares, enfundado en un disfraz de camaleón de gomaespuma en mil colores con fotocopias de décimos cogidas a la tela con imperdibles (ha comprado 29). Busca las cámaras para contar su descabellada historia. Nunca le ha tocado nada, no tiene nombre y solamente exclama a quien quiera escucharle: “¡Soy el Camaleón Cañizares! ¡Soy el primo de Tanín!”. Nadie sabe quién es Tanín. Le acompañan un tipo vestido del Papa Francisco que imparte bendiciones. También Enrique Vilches, un hombre disfrazado de niño en un insólito homenaje “a las institutrices”, un hombre de Cebreros (Ávila) que después de 18 años de acudir a la cita disfrazado ya se ha convertido solemnemente en “el señor de Cebreros”.

Lorena no ha desayunado. “Estaba muy nerviosa y le dolía el estómago”, dice su madre, que en 2002 se vino a España con los sueños de su vida desde un pueblo de Moldavia, en Rumanía. Su hija tiene el estómago cerrado. Presiente que algo puede pasar, aunque pensar que el Gordo pudiera reincidir en esas manos suyas finas y delicadas como de alfarero o de violonchelista, a esas horas de la mañana es pedir demasiado. Todos saben que es una buena estudiante, que habla rumano, español, inglés y francés, y también que es un manojo de nervios. Esta es la tercera vez que canta el sorteo de Navidad, pero a las nueve menos diez, los organizadores del sorteo tienen una duda: creen que Lorena no podrá salir al escenario granate del Teatro Real. Le duele la barriga, pero de pronto llega la hora y pisa las tablas. La cantinela melódica con la que anuncia la Navidad a toda España la calma por dentro. Sabe lo que hace.

Del logopeda a cantar el Gordo

El año pasado, cantó el primer premio, también con Lorena. Juntas se encuentran bien. Lorena está más tranquila. La víspera le ha dicho a su madre que va a dar premios. Lo dijo el año pasado y acertó, ¿porqué no iba a suceder este? Tiene, como todas las personas, sueños por cumplir y barreras que derribar. Entre las barreras, un 37% de discapacidad que la ha metido en clases de logopedia y que le obliga a esforzarse aún más en clase. Quiere viajar a Ecuador, el país en el que nació su madre, la tierra de sus raíces que aún no ha pisado. El año pasado no recibió propinas de los premiados. Si este año se portan mejor con ella, su abuela podrá por primera vez besarla a ella en persona y dejar de acariciar solamente sus fotos.

Van a dar las doce. El teatro espera que de un momento a otro la pareja suba de pronto el tono de su cántico y anuncie la fortuna. “Ahora va a ser”, presiente Marcelo Budia, 82 años, antiguo conserje del Ayuntamiento de Leganés, trenca de cuero con 1.300 casquillos de cartuchos del calibre 12 remachados al disfraz y una mujer “con mucha paciencia”. Fernando Vázquez, de 76 años, se acuerda de cuando era un huérfano que cantó el Gordo en 1956. “Todavía llevo dentro esa alegría”. Y de pronto, sucede. Lorena y Nicole elevan el tono. Aquí viene. 66513. Cuatro millones de euros. Hacía 22 años que una misma pareja daba dos Gordos seguidos.